Han pasado ya 23 años desde Generación X, novela de Douglas Coupland, viera la luz (1999), dando nombre a todo un fenómeno sociocultural (aunque el término lo empleó por primera vez el fotógrafo Robert Capa, fue popularizado a través de la obra homónima de Coupland). A través de esta el autor reflejaba la realidad de esa juventud tan característica en Occidente que no habían conocido guerra ni posguerra, en pleno auge del consumismo. Una generación marcada por perfiles como el de Kurt Cobain, máximo exponente del movimiento Grunge con su grupo Nirvana (al menos comercialmente hablando) y que marcó a toda una generación con su suicidio. Esa generación que vio nacer internet, que vivió en primera persona el rápido crecimiento de lo tecnológico a pesar de venir de jugar con pelotas y amigos en la calle, y que buscaba romper los estereotipos y modelos de conducta tan estáticos y a la vez tan imperantes de la época.

A nivel literario, la Generación X y su bagaje cultural se basa en tonos irónicos, escenarios ambientados en áreas marginales, donde los protagonistas bebían de la cultura pop imperante del momento y rompían con lo establecido, potenciando las conductas esnob y marcadamente diferenciadoras frente al conformismo de la generación previa (los famosos baby boomers).


Además del ya mencionado Coupland, podemos destacar a dos grandes autores con dos de los libros más representativos del movimiento: el americano Chuck Palahniuk con El Club de la Lucha (1999), y el escocés Irvine Welsh, autor de Trainspotting (1996). 


En ambos casos, la adaptación cinematográfica supuso la catapulta absoluta para sus autores y las obras homónimas. En el caso de Fight Club fue dirigida por David Fincher y protagonizada por Edward Norton, Brad Pitt y Helena Bonham Carter; en cuanto a Trainspotting, fue protagonizada por Ewan McGregor y dirigida por Danny Boyle.

 

 

 

Ambos films son considerados como películas de culto y de las mejores obras de la década de los 90 en la cultura underground (y fuera de esta también, proclamándose de gran consumo y sobrepasando esa fina línea entre lo mainstream y el cine de autor debido a la gran aceptación que tuvo y que ha ido creciendo todavía más con el paso del tiempo).


Trainspotting es el retrato de una juventud hija de la clase trabajadora pero mucho más interesada en pasárselo bien que en trabajar, y que basa parte de este ocio en el consumo de drogas, sin mayores ambiciones vitales. Gracias a su estreno en la gran pantalla, Welsh vendió más de un millón de ejemplares solo en Reino Unido, se tradujo a más de 30 idiomas y ha sido durante años el libro más robado de la historia en las librerías británicas.  


Con 4 libros de relatos y 11 novelas (la última del pasado año, El Artista de la cuchilla -Anagrama, 2021-, donde se mantienen personajes de la aclamada Trainspotting), Welsh, nacido en Escocia en el barrio obrero de Muirhouse, dejó el colegio a los 16 años y acabó emigrando a Londres atraído por el movimiento punk. Más tarde volvió a retomar los estudios en su Escocia natal, una vez consiguió salir de la heroína. Como él mismo reconoce, en sus personajes se atisba parte de su propia esencia y de lo vivido a lo largo de su juventud.


En cuanto a Palahniuk, con más de 17 novelas a sus espaldas, es también periodista y uno de los autores más prolíficos de la aclamada Generación X. Como elemento característico y común de su bibliografía, los relatos de sus libros suelen empezar en el final cronológico, con el protagonista recordando los sucesos que le llevaron al punto en el que libro comienza, y es ahí desde donde desarrolla la historia central. También suele haber un giro fundamental en esta que se revela cerca del final del libro relacionado con el final cronológico (al que el propio autor denomina “la pistola escondida”). Su enfoque es muy minimalista, con frases cortas y vocabulario sencillo, para acercarse al máximo posible a la forma en la que la gente cuenta las historias.


A pesar del distinto origen geográfico de ambos autores y de sus novelas, podríamos decir que parte del gran éxito de estas dos obras de referencia tan características de la Generación X se debe a ese gusto por los extremos típico de la juventud, capaz de moverse del uno al otro asomándose siempre al borde del abismo, y jugando en el filo de lo políticamente correcto y lo más disruptivo.